El cine iraní como reflejo de la resistencia civil contra la represión teocrática
El artículo explora una visión alternativa de Irán más allá de la imagen habitual de fanatismo religioso y represión que muestran las noticias desde la Revolución Islámica de 1979. A través del cine y la televisión, se presenta la lucha de una clase media culta que anhela libertad, especialmente las mujeres, sin renunciar a su rica herencia cultural persa, distinta de la árabe. Se destaca Persépolis, la película animada autobiográfica de Marjane Satrapi, que narra la infancia de una niña amante del rock en medio del velo obligatorio, la guerra con Irak y la censura, mostrando el desarraigo en el exilio. Se menciona a Abbas Kiarostami como figura clave del cine iraní que usó metáforas para evadir la censura. Entre las cintas recomendadas están Un simple accidente (2025) de Jafar Panahi, comedia negra rodada clandestinamente que expone persecución, delación y tortura, pero abre espacio al perdón; Offside (2006) del mismo director sobre la prohibición de mujeres en estadios; Leyendo Lolita en Teherán (2025), basada en la historia real de Azar Nafisi y su club de lectura clandestino contra la censura literaria; Tatami (2023), drama deportivo sobre una judoka presionada para no competir contra una israelí; y La testigo (2024), donde una maestra jubilada denuncia un femicidio ligado a un funcionario del régimen. Estas obras, muchas hechas por cineastas en exilio como Panahi y actrices como Zar Amir Ebrahimi y Golshifteh Farahani, revelan un Irán de sociedad civil resistente que busca apertura occidental manteniendo su identidad milenaria.
