Maestro de la luz

Recuerdan el legado del director de fotografía cubano Raúl Pérez Ureta a cinco años de su fallecimiento
Foto: Granma.cu

Recuerdan el legado del director de fotografía cubano Raúl Pérez Ureta a cinco años de su fallecimiento

A cinco años del fallecimiento del destacado director de fotografía cubano Raúl Pérez Ureta, el cine nacional recuerda la huella profunda que dejó en la construcción visual de numerosas obras cinematográficas. Considerado uno de los grandes maestros de la imagen en el cine cubano, Pérez Ureta defendía la idea de que el director de fotografía debía servir a la visión del realizador y a la historia que se cuenta, más que imponer un estilo propio. Sin embargo, su trabajo terminó distinguiéndose por una estética muy particular, descrita como contrastante y paradójica, capaz de embellecer la tristeza o ensombrecer la alegría mediante el uso de la luz y la composición visual.

Su carrera abarcó más de 30 largometrajes y más de 50 documentales. Entre las películas más reconocidas en las que trabajó se encuentran “Papeles secundarios” (1989), “Madagascar” (1994), “Alicia en el pueblo de las maravillas” (1991), “Suite Habana” (2003) y “José Martí: el ojo del canario” (2010). En 2010 recibió el Premio Nacional de Cine en reconocimiento a su extensa trayectoria.

Desde niño mostró fascinación por la fotografía al descubrir el poder de las imágenes en revistas como Carteles. Posteriormente ingresó al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), donde comenzó como asistente en el Departamento de Dibujos Animados y luego trabajó junto al documentalista Santiago Álvarez en el Noticiero ICAIC Latinoamericano, experiencia que marcaría su formación profesional.

A lo largo de su carrera colaboró con destacados cineastas cubanos como Fernando Pérez y también con realizadores extranjeros. Además de su trabajo creativo, desempeñó una intensa labor pedagógica en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Para Pérez Ureta, el cine era una experiencia profundamente personal: afirmaba que cada película era como un hijo al que se quería y se sufría por igual. Su legado continúa siendo esencial para comprender la evolución estética del cine cubano contemporáneo.

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