«Esa cosa con alas»: y dijo el cuervo…

Crítica de «Esa cosa con alas»: la adaptación cinematográfica del duelo según Max Porter
Foto: Jot Down Cultural Magazine

Crítica de «Esa cosa con alas»: la adaptación cinematográfica del duelo según Max Porter

Dylan Southern debuta en la ficción larga con «Esa cosa con alas», adaptación de la novela «El duelo es esa cosa con alas» de Max Porter. El filme, protagonizado por Benedict Cumberbatch como un padre viudo, explora el proceso de duelo de una familia anónima —padre y dos hijos— tras la muerte de la madre. Inspirado en el poema de Emily Dickinson «La esperanza es esa cosa con plumas», Porter sustituye conceptos por «cuervo» para enfatizar la inevitabilidad y el peso del luto, mientras Southern traslada esta idea al cine mediante un lenguaje visual potente: contraluces que convierten al protagonista en sombra, oscilaciones entre lo real y lo onírico, y la irrupción de un cuervo gigante que encarna el dolor colectivo.

La película mantiene la estructura polifónica de la novela, pero agrupa las voces narrativas —padre, hijos y cuervo— en bloques diferenciados, moderando así el caos emocional. El cuervo, inicialmente amenazante y grotesco, evoluciona hacia una presencia compleja que contamina el hogar, pero también acompaña en el proceso de aceptación. Southern rehúye absolutismos: no aclara si el cuervo es alucinación paranoica o elemento fantástico, reflejando la ambigüedad del duelo. La cinta se convierte en un retrato de la locura, los delirios y la esperanza final, esa «cosa con plumas» que sobrevive al tornado del dolor. Con una estética desquiciada y profundamente dolorosa, «Esa cosa con alas» propone que el luto conforma la identidad con una belleza caótica, repudiada por las convenciones sociales.

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