Crítica de ‘Frankenstein’ de Guillermo del Toro: una criatura con alma propia
Guillermo del Toro estrena su versión de ‘Frankenstein’, una película que, lejos de ser una adaptación fiel a la novela de Mary Shelley, se presenta como un mosaico creativo que combina elementos de múltiples versiones previas del mito. El filme, que ha pasado por festivales como Venecia, San Sebastián y Sitges, restituye a la criatura su inteligencia y sensibilidad originales, pero introduce libertades significativas: reescribe personajes como Elizabeth y William, convierte a Victor Frankenstein (Oscar Isaac) en un barón delirante y arrogante, e incorpora iconografía clásica como la torre aislada y el rayo vivificador, ausentes en el libro. Del Toro sintetiza influencias de la Universal de 1931, la Hammer, Kenneth Branagh e incluso la versión muda de 1910, creando una obra que es en sí misma un Frankenstein: un cuerpo nuevo cosido a partir de fragmentos anteriores.
La crítica destaca cómo la película reflexiona sobre la creación artística frente a la inteligencia artificial generativa. Aunque ambas se nutren de materiales previos, la diferencia radica en el alma que insufla el autor humano. Jacob Elordi encarna una criatura trágica y elocuente, cuya mirada revela humanidad profunda. La estructura narrativa, dividida en dos partes, otorga voz propia al monstruo, algo apenas esbozado en la novela. Elizabeth (Mia Goth) gana agencia y se convierte en espejo de la criatura, mientras se trazan paralelismos entre Victor y su padre como progenitores fallidos por arrogancia.
En definitiva, esta ‘Frankenstein’ trasciende la suma de sus partes y se erige como una pieza esencialmente deltoriana, coherente con su poética de monstruos bellos, buenos y marginados. Las imágenes, concluye el texto, poseen alma solo cuando un creador humano les infunde vida auténtica.
