Con ‘The Phoenician Scheme’, Wes Anderson perfecciona su producto hasta resultados fríos y brillantes

Wes Anderson reflexiona sobre el arte y la marca en una película visualmente impecable pero emocionalmente distante
Foto: salon.com

Wes Anderson reflexiona sobre el arte y la marca en una película visualmente impecable pero emocionalmente distante

En su tercera película en cinco años, Wes Anderson presenta ‘The Phoenician Scheme’, una obra que se debate entre el arte y la mercantilización de su estilo. La historia gira en torno a Zsa-zsa Korda (Benicio Del Toro), un empresario obsesionado con convertir una versión ficticia de la Fenicia de los años 50 en un lucrativo sistema económico. Lo acompañan su hija Liesl (Mia Threapleton), una monja a punto de tomar los votos, y un excéntrico tutor noruego (Michael Cera). La película, coescrita con Roman Coppola, mantiene la estética característica de Anderson, con colores pasteles, precisión milimétrica y personajes extravagantes. Sin embargo, el enfoque en el lenguaje corporativo y las intrigas económicas crea una desconexión emocional con el espectador. Liesl se convierte en el corazón de la trama, al buscar la verdad sobre la muerte de su madre mientras lidia con su propio destino. Aunque visualmente impactante y con momentos de brillantez actoral, la cinta peca de fría y predecible, repitiendo fórmulas que antes sorprendían. El texto sugiere que Anderson podría estar respondiendo a la apropiación superficial de su estilo por parte de la cultura digital y la inteligencia artificial, pero sin hacerlo explícito. En definitiva, es una obra bella pero con poca alma.

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