¡Apaga la luz! La larga noche de Albert Serra

La noche, el deseo y la muerte en el cine de Albert Serra
Foto: Jot Down Cultural Magazine

La noche, el deseo y la muerte en el cine de Albert Serra

El artículo analiza en profundidad el ciclo de películas que Albert Serra dedica al siglo XVIII europeo, abordándolo como una larga noche marcada por la oscuridad, el deseo y la decadencia. A partir de Historia de mi muerte (2013), el texto describe cómo la ausencia de luz y la nocturnidad se convierten en un dispositivo narrativo y simbólico que permite mostrar aquello que la mirada ilustrada y el cine histórico tradicional suelen ocultar: lo corporal, lo incómodo, lo abyecto y lo reprimido.

La autora traza una línea que conecta Historia de mi muerte, La muerte de Luis XIV (2016), Roi Soleil (2018) y Liberté (2019), señalando cómo todas ellas comparten una lógica temporal suspendida, improductiva y errante, propia de la noche. En este espacio, los personajes se liberan de convenciones morales y sociales, y el deseo emerge como motor vital, aunque no exento de violencia y contradicciones. Casanova, figura central en Historia de mi muerte, es despojado de su aura romántica para presentarse como un cuerpo dominado por instintos primarios, mientras que en Liberté la promesa de una liberación sexual universal se ve empañada por una clara desigualdad de género.

El texto también reflexiona sobre la representación del cuerpo como eje central del cine de Serra: un cuerpo vulnerable, enfermo o degradado, que evidencia tanto la pulsión de vida (Eros) como la pulsión de muerte (Tánatos). Esta mirada alcanza su máxima expresión en La muerte de Luis XIV y Roi Soleil, donde la agonía del monarca se convierte en una meditación sobre la fragilidad humana y la igualdad final que impone la muerte, más allá de la jerarquía social.

Lejos de un clasicismo académico, Serra utiliza el cine histórico para establecer paralelismos entre el pasado y el presente, cuestionando los ideales ilustrados de progreso, razón y control. La larga noche del siglo XVIII que retrata se revela así como una utopía oscura y ambigua: un espacio donde el deseo y la muerte conviven, y donde el espectador contemporáneo puede reconocerse.

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